J. R Palomar y una bella semblanza del maestro Palomo Linares

RAZA Y PERSONALIDAD.

Cuando ya han pasado unas semanas de la muerte de Sebastián Palomo Linares, se queda encogido un hueco en mi corazón. Fue una figura del toreo, discutido (como todos los grandes), y una extraordinaria persona. Tuve la fortuna de conocerle de cerca, pero ya retirado. Si bien antes, en sus últimos “coletazos” como torero, le había hecho entrevistas y saludado ocasionalmente…

Echando la vista muy atrás, confieso que cuando de niño acudía a la Monumental junto a mi hermano mayor, le silbábamos y decíamos “no con el dedo” cuando paseaba trofeos por el redondel, pues casi siempre triunfaba. Puede que nos molestara esa “impostura”, y cierta ”soberbia”, de quien no se dejaba ganar la partida por nadie. Porque en esa época, competían figurones del toreo de diversos estilos que eran amigos fuera de la plaza, pero salían a competir sin trampa en el ruedo con el cuerpo, la mayoría, cosido a cornadas. Hay una cosa que me llamaba la atención de niño, y era cuando terminaba el paseíllo y alternaba con Paquirri : en el callejón charlaban riéndose distendidamente antes de que saliera el primer burel de toriles. Eso demuestra lo que antes escribía. En mi retina también figura la tarde en que recibió una cornada grave mientras le llevaban las asistencias a la enfermería, levantaba los brazos agitándolos, porque había cortado orejas (que era lo importante). O la tarde en que alternó con Luis Miguel Dominguín y Paco Camino, siendo corneado mortalmente el hermano del segundo, que figuraba como subalterno en su cuadrilla.

LEMAS

En las entrevistas que le hice, cuando me abrió en varias ocasiones las puertas de su finca “El Palomar” (qué casualidad la coincidencia con el apellido), se me quedaron grabadas dos frases que siempre repetía: “Lo importante en la vida es ser persona”. No valoraba a sus amigos, entre los que tengo el honor de figurar, por el puesto que ocupaban, sino por lo que contenía uno en su interior. Prueba de ello es que a raíz de un cambio profesional en mi trayectoria taurina como periodista (2.011), siguió tratándome exactamente igual…

Soy consciente, desde que me fui reafirmando como aficionado adulto que completé con la información taurina, de las limitaciones artísticas de Palomo .No era un “orfebre artístico del toreo”, pero sí un diestro poderoso, que llevaba a los toros adelantando la muleta y discurría larga la embestida (aunque puede que forzando la figura)…Ahí está su presencia en todas las plazas, toreando los Miuras en Sevilla, y alternando con todas las figuras contemporáneas.

Otra de las frases- la segunda- que se me quedaron grabadas, es ésta: “a mí se me puede traicionar una vez. pero la segunda, es imposible…”. Eso da fe de su sinceridad e integridad: jamás se callaba (a no ser para evitar hacer daño al débil). Le ofrecieron un dineral para contar su vida personal en los programas del corazón televisivos, y jamás accedió. Tuvo enfrente a la mayor severidad de la crítica, en la década de los setenta ,y no se arredró. Le gustaba vivir bien, pero era muy consciente de sus orígenes sociales muy humildes..

En lo personal, solo tengo palabras de agradecimiento. Sabía lo que me costaban los viajes para ver toros, en mi doble condición de aficionado y periodista, y siempre se preocupaba por ti. Si llegabas tarde a las Ventas, por una comida que se prolongaba o un trabajo profesional, te acompañaba en el coche. Para los que sabemos discernir entre la amistad, la profesión periodística y lo que se puede o no publicar, vaya este ejemplo. Un buen día, tras ver su exposición en una galería, me llevó a un restaurante peruano: al final fallaron todos los comensales previstos, y vino una sola persona: la mujer que la ha acompañado estos últimos tres años. Y sabiendo que no lo iba utilizar para revista alguna, actuó con toda naturalidad. Por cierto, esa mujer es Concha: persona sencilla , humilde, y con un reconocido prestigio como jueza.

La pintura era su otra gran pasión: siempre estaba soñando y contándote futuras exposiciones. Sus cuadros llegaron a cotizarse al alza, lo que en el mundo actual es la prueba para ser considerado. Tenía la costumbre de llamarle todos los domingos- allá adonde ambos estuviésemos- sobre las 10 de la mañana. Sabía que no le iba a molestar, porque madrugaba mucho. Y le contaba las noticias de la decadente Barcelona taurina, hasta que se prohibieron los toros… Pero daba igual: siempre tenía alguna noticia, anécdota o detalle para comentarle. Cuando hablé por última vez con él, la mañana dominguera el 30 de Abril, y los días previos a someterse a una durísima intervención quirúrgica que me contó con detalle, no dejó de advertirme “cuidado, que el jueves inauguro una exposición en Boadilla del Monte”…No pudo ya asistir. Se debatía entre la vida y la muerte en un hospital y dejaba de respirar ocho días después.

Volviendo al principio, el hueco en el corazón, en nuestro último viaje a Madrid por San Isidro, seguía en la agenda repleta (nunca guardo los teléfonos en el móvil), su número y nombre. Pero ya no era posible verle ni llamarle…

JOSÉ R. PALOMAR.

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