Ivan Vicente borda el toreo en Madrid pero lo emborrona con la espada. Roman, puerta grande

Iván Vicente volvió a Madrid para mostrar las virtudes de un torero con una inmensas calidad. Su primero de " la Reina" de Jose Miguel Arroyo , apagadito sin posibilidades......

Pero el segundo le permitió al torero castellano desplegar un toreo de esencias, de ese toreo puro que tanto gusta y que ahora se echa de menos máxime cuando no están en activo por propia decisión ni José Tomás ni Morante..

Marco A Hierro cuenta así lo del cuarto del torero de Soto del Real :

El cuarto manseó desde que salió de chiqueros y no le permitió a Iván Vicente que se estirase a la verónica. Luego se arrancó como un tren al caballo de la puerta para que le cogiese un tremendo puyazo Borja Lorente. El inicio de muleta de Iván fue sencillamente sensacional; genuflexo, con el pulso al mínimo y el brazo largo, cambiando la mano para aprovechar las pocas arrancadas que auguraba el bicho. Y se confió el madrileño para hacer el toreo con pureza y sinceridad enganchando con milimétrica precisión porque no era posible si no lo hacía. Siempre puro y compuesto, arrancando los olés desde la barriga cada vez que lograba endilgarle uno como lo sentía. Muy puro en los cites y con un gusto enorme al natural, pinchó en el primer intento y allí se quedó el premio. Una estocada tendida precedió a la ovación.

Juan Leal dejó poco en el esportón y el valenciano Román cortó una oreja del primero y otra en el sexto para salir por la puerta grande..

RESUMEN

Toros del Tajo y La Reina, aplomado y sin vida el primero que no le facilitó las cosas a Ivan Vicente, de cierta calidad sin raza ni fuelle el aplomado segundo, pitado y apuntillado en el ruedo porque se echó sin remedio ; repetidor con geniecito y sin clase el exigente tercero, de calidad y fondo sin gran fuelle el mansito pero buen cuarto, emotivo y embestidor con cierto genio el quinto, temperamental y emotivo a menos el geniudo sexto.

Iván Vicente, silencio tras aviso y ovación.

Juan Leal, silencio y silencio.

Román, oreja y oreja.

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