Hace 12 años partiò Silverio Pèrez

Hace 12 años se nos fue el maestro Silverio Pèrez que habìa nacido en 1915 en tiempos en que su compatriota Gaona ya era un figuròn compartiendo carteles y rivalidades con Joselito y Belmonte.

Silverio fue una persona que desde pequeño tuvo que luchar contra la adversidad y sobre todo, contra la muerte. Debió sepultar a todos sus seres queridos, desde sus padres, hermanos, un hijo, su adorada Pachis y muchos queridos y entrañables amigos y compañeros. Solo un pedazo de hombre como Silverio pudo lograr ser lo que fue, no solo un gran torero sino una persona querida por todo el mundo y con un calidad humana envidiable.

Quizas sea màs conocido el pasodoble que el maestro Agustin Lara le dedicara que la importancia que tuvo como torero.

""""Mirando torear a Silverio
Me ha salido de muy dentro lo gitano de un cantar
Con la garganta sequita, muy sequita la garganta
Seca de tanto gritar
Silverio, Silverio Pérez
Diamante del redondel
Amante de las mujeres
A ver quien puede con él
Silverio, torero estrella
El príncipe milagro de la fiesta más bella
Carmelo que esta en el cielo se asoma a verte torear......""""""

La carrera taurina de Silverio Pérez da inicio tras la muerte en España de su hermano Carmelo, que en realidad se llamaba Armando, quien desafortunadamente el 17 de noviembre de 1929 ante uno de esos llenos que acostumbraba provocar, fue cogido por el sexto toro de la tarde de nombre “Michin” de la ganadería de San Diego de los Padres. Más de un año después de haber sido herido, en enero de 1931 reaparece y es en Guadalajara donde realizó y de donde no regresaría con vida, ya que meses después de su partida y algunas corridas sufre de una bronconeumonía la que se le complica por las lesiones sufridas por la cornada de “Michin”. Muere en Madrid el 19 de octubre de 1931.

SILVERIO Y MANOLETE

Sesenta años después de la primera corrida de toros en la Monumental Plaza México, dada la tarde del miércoles 5 de febrero de 1946, poca gente recuerda el segundo festejo de aquella breve temporada de apenas cuatro fechas. Este se verificó a los 11 días, el sábado 16 del mes, y en él participaron mano a mano, lidiando un encierro de Torrecilla, el inconmensurable "faraón de Texcoco", el maestro Silverio Pérez, y el legendario "monstruo de Córdoba", el nunca suficientemente llorado Manuel Rodríguez Manolete.

Si para el festejo inaugural se agotaron las localidades, desde las barreras de primera fila hasta la última del tendido general, para el segundo -que lo escuche Alejandro Encinas y lo oiga Fadlala Akabani- muchos boletos se quedaron no en las taquillas sino en poder de los revendedores que acapararon las papelas desde que salieron a la venta, pese al fervor de los aficionados que habían permanecido hasta 48 horas en espera de que la empresa abriera el expendio. Pero en aquella ocasión, tras el derroche del banquete inicial, no todo el mundo podía satisfacer las exigencias del mercado negro.

Según los anales del pozo de Insurgentes, en la segunda corrida Manolete salió con una oreja de Espinoso, su segundo enemigo, en la espuerta, pero el triunfador, sin duda, fue Silverio, que se llevó a su casa las orejas y el rabo del toro Barba Azul. La rivalidad entre ambos matadores había comenzado en las plazas de España, cuando la fiesta brava reanudó sus actividades al término de la guerra civil, mientras el resto de Europa se desmoronaba debajo de las bombas y los tanques de los aliados y los nazis.

LUIS..., ¡YO QUIERO SER TORERO!

Entre semana, Silverio conducía un viejo y ruidoso camión de carga de nombre “Río Frío” para transportar la barbacoa y los domingos iba a bailar al club “El Pirata”, al cual asistían los novilleros Luis Castro “El Soldado” y “El Ahijado del Matadero”. Atraído por el mundo taurino, trabajó como transportista de toros de lidia por lo que tuvo que transformar su camión en uno de redilas. Empezó a presentarse en tientas y un día lo invitaron a participar en un festival taurino que se efectuaba en “El Toreo”, alternando con Severiano González y Anselmo García Barrera. A Silverio lo anunciaban como “Carmelo II” lo cual, como era de esperarse, llamó la atención de la afición.

El más rotundo de los fracasos coronó su esfuerzo, quizás el nombre de Carmelo le pesó demasiado y las burlas no se hicieron esperar, decían que no había madera de torero. A Don Felix López “Jarameño”, periodista de Puebla le dolióel revés, le tenía una fe muy grande a Silverio, por lo que organizó un festival más para que Silverio se sacara la espina pero, una vez más no hubo suerte, un nuevo fracaso se consumaría, dándole la razón a la gente que decía que nunca sería torero.

Queriendo ayudar económicamente a Silverio, el picador de toros y empresario de “El Toreo”, Antonio Casillas “El Berrendo”, le cedió la concesión del transporte de reses bravas. En algunas plazas del interior se acostumbraba presentar algún espectáculo extra con el objeto de llamar la atención del pueblo y así poder “jalar más público”.

En Puebla se invitó al público a que asistiera al desencajonamiento de los toros; después y como platillo fuerte, se soltaría un novillo para “probar” a un muchacho deseoso de hacerse torero. Silverio llegó como siempre transportando los toros que habrían de lidiarse. Una vez realizado esto, la gente esperaba la lidia del novillo prometido y el presunto matador no se presentó. El empresario Don Antonio Casillas, temeroso de provocar una protesta del público presente, le pidió a Silverio que lo sacara del apuro y toreara al novillo. Silverio no sospechaba que aquella tarde se le abrirían las puertas casi inaccesibles de las plazas de toros. El novillo era muy bueno y Silverio lo aprovechó estupendamente, realizando una agigantada faena enfundado en un overol lleno de grasa “El Berrendo” se dio cuenta que ahí había una figura del toreo y se hizo el firme propósito de hacer a Silverio en un grande de la fiesta, aunque Silverio pensó que había sido solo un golpe de suerte, Don Antonio Casillas había vislumbrado un arte excepcional, Silverio era el primero en separa dos estilos, no podría torear jamás como Carmelo, era totalmente diferente. ERA SILVERIO.

Silverio vistió por primera vez un traje de luces en San Antonio Acapuluác, donde lidió novillos de Atenco. También por primera vez lo había de llevar a la plaza de toros su fiel acompañante Jorge “El Gordo Canales”, que hasta el último día de su vida seguiría haciéndolo. La suerte volvió a sonreírle, logrando un triunfo más consistente que le valió, por primera vez la salida a hombros. El 23 de abril de 1933.

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