Gran triunfo de Moreno Muñoz en el Perú

El torero bogotano està feliz

Moreno Muñoz me escribe para contarme de su primer gran suceso en territorio peruano :

"Feliz tras cortar 2 orejas y rabo en Querocotillo por indultar un gran Toro #31 de la Ganadería de Paijan, Enhorabuena al ganadero Aníbal Vásquez y a mis compañeros de cartel Javier Cardozo y Nicolas Vásquez con quien he compartido la puerta grande, ya rumbo a Marcará para cumplir con otro compromiso .

En Paiján,Departamento de La Libertad, Aníbal Vásquez y su familia, mantienen al toro bravo como un animal silvestre y en libertad, conservando así, centenares de hectáreas de bosque seco de algarrobos.

Los toros de lidia −el ganado bravo, más bien− es un animal que promueve la ecología, la vegetación y la conservación de los espacios naturales.

En el Perú se lidian más de 2 mil toros y novillos cada año. Para lograr esa cifra de reses lidiadas, es necesario que en las ganaderías nacionales de lidia se mantengan permanentemente −al menos− de 20 a 25 mil animales bravos: sementales, vacas de vientre, becerras, novillos y becerros, muchos de los cuales, jamás serán lidiados ni llegarán a una plaza de toros. Esa enorme cantidad de animales, viven −en su gran mayoría− en bosques, pastizales y extensas áreas naturales, a diferentes altitudes respeto al nivel del mar y en la mayor parte de los departamentos del país.

SERIOS TOROS. Entre los algarrobos, algunos de los toros de La Viña que Citotusa separó para Lima y luego no compró, ahora ya vendidos a otras plazas.

Centenares de miles de hectáreas conservadas como un ecosistema integral, son ocupadas por esa subespecie bovina en el Perú, colaborando con la ecología y la naturaleza, lo que no sucedería sin la tauromaquia; sin ella, no tendría sentido criar toros de lidia.

PLÁCIDA VIDA. Los toros de lidia viven en condiciones inmejorables, en grandes extensiones y en medio de la naturaleza.

En Paiján, al norte de Trujillo, Aníbal Vásquez Nacarino, su esposa Lucy de las Casas y su hijo Aníbal llevan tres hierros: Paiján, La Viña y El Olivar. Crían por separado toros de encaste Santa Coloma –lo original de Paiján, de procedencia Paco Camino− y reses de Parladé Domecq, en las que se entrecruzan la líneas de La Viña –provenientes de lo original de Víctor Montero (Conde la Corte y Parladé); aquello que se indultaba por sí mismo, los torease quien los torease, en los noventa−, sangre de Huagrahuasi de Cobo, de Ecuador y un aporte genético de El Paraíso de Jerónimo Pimentel, de Colombia. Los Vásquez adquirieron el antiguo hierro de La Viña (el círculo cruzado por la diagonal) y luego, los descendientes de Celso Vásquez (emparentados con Aníbal hijo, por los De las Casas) le cedieron a este el hierro de El Olivar, ganadería peruana de comienzos del siglo XX.

En Paiján los machos viven en inmensos potreros de varios centenares de hectáreas de bosque de algarrobos –espacio natural típico en el norte del Perú−, sin cercos, limitados por inmensos canales donde beben. Espacios de 250 hectáreas cada uno, en los que hay 100 o 200 machos de diversas edades. Un potrero de 250 hectáreas −para hacernos una idea− equivale a un cuadrado de 1,6 kilómetros por lado. Con una densidad tan baja, los toros viven en condiciones envidiables, en medio de la naturaleza. Es una actividad que solo se explica por la afición y vocación de los ganaderos de bravo; esas mismas tierras dedicadas a espárragos o frutales les proporcionarían ingresos mucho mayores.

−¿Están los machos de diversas edades mezclados? −le preguntamos al ganadero− ¿No se perjudican los más chicos?

−No. Por el contrario. Cuando los novillos llegan a los tres años de edad, se empiezan a pegar entre sí. Surge el dominante y le pega al resto para imponerse; pero en cuanto pueden, todos tratan de atacarlo. Eso se va agravando conforme siguen creciendo. Cuando los toros sobrepasan los cuatro años, las peleas son más frecuentes y cualquier día, sin que te lo esperes, aparece un toro, o varios, muerto a cornadas. Las peleas son uno de los problemas más graves; un costo oculto considerable e imprevisto y a veces, la causa de que una corrida a punto de embarcarse quede incompleta. Mira las rayas que tienen varios de ellos en los flancos; son los pitonazos que se pegan. Los becerros y novillos que viven entre ellos, los calman y tranquilizan; a los más chicos les damos un suplemento de alimento para compensar que a veces los toros grandes pudieran no dejarlos comer.

MINIMIZAR EL CONTACTO CON LOS TOROS

“Preferimos que vivan en absoluta libertad”

−¿Y colocarles fundas en los pitones, como en algunas ganaderías españolas, no reduciría el riego de que se maten entre sí?

−Tal vez, pero ello implicaría manosearlos y meterlos en la manga. Nosotros preferimos que vivan en absoluta libertad; silvestres y a su aire, en grandes extensiones. Estoy convencido de que el juego en la plaza se ve condicionado negativamente por el manipuleo excesivo y por el contacto frecuente con el ser humano, por escuchas voces; el toro debe llegar a su edad adulta en libertad. En verano comen el algarrobo que cae de los árboles, pero todo el año complementamos su alimentación echando a los comederos restos de espárragos y alcachofas y alimento balanceado; pasamos con el tractor, sin molestarlos y llenamos los comederos.

Pablo Gomez de Barbieri pregunta al ganadero :−¿Y correrlos como hacen en tantas ganadería hoy en día, para que adquieran condición física?

−Tampoco; ello implicaría manosearlos, que escuchasen diariamente voces humanas arreándolos −replica Aníbal Vásquez−. Nosotros echamos la comida en una parte del potrero y ellos tienen que caminar más de un kilómetro, cada día, para tomar agua; eso es ejercicio suficiente.

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