Francia, la reserva de la fiesta

Bayona , en Nueva Aquitania, está al pie de los Pirineos, y es la capital del paìs vasco francès donde conviven credos , ideologìas y maneras de entender la vida como el rugby, la pelota vasca, las fiestas, y los toros que son patrimonio de la regiòn. Venir a esta bella ciudad con un casco històrico amable surcado de pequeñas callecitas y edificios y murallas màs que centenarias que le dan un aspecto sobrio a la ciudad.

Napoleòn hace ir a Bayona a Fernando VII para dirimir los problemas de la Corte española. Fernando VII llega a Bayona el 20 de abril de 1808, la Emperatriz Josefina el 27 y Carlos IV y su delegación el día 30. Napoleón acoge al primero con imperial frialdad y al último con extrema calidez, con salvas de ordenanza, revista de tropas y recepción de notables. Bayona pues vuelve a jugar un papel preponderante en la època napoleónica.Mientras buscan resolver sus problemas, la Amèrica Hispana vela sus armas para la gran empresa de la independencia de sus pueblos..

Bueno, pues la plaza de toros està empotrada en un barrio de casas de aquilatada arquitectura y los aficionados privilegian lo que pasa en el ruedo a partir del toro, de la suerte de varas, de las cosas bien hechas y de la correcciòn en el orden de la lidia. La mùsica no es un regalo sino el complemento perfecto para una buena faena, se corrige la colocaciòn de los picadores, se pita con educaciòn cuando le tapan la salida a los toros en el primer tercio y no permiten ese cerco de capotes de los subalternos tras la suerte suprema. Hoy, casi lleno en los tendidos en tarde muy agradable.

La corrida de Garcigrande si exceptuamos el buen lote de Castella que por fallos con la espada solo cortò una oreja a su primero y realizò dos faenas equilibradas, de muletazos largos y mecidos pero, !!!ay, la espada !!!!. Lo demás fue lo de menos pues el lote del Juli, el primero noblòn y sin gracia ninguna y el cuarto se fue apagando por falta de casta. Se fue de vacío de de Velilla de San Antonio.

No estuvo fino ni con la espada ni en la concepciòn de la lidia el joven Gines Marin y no fue el mismo lustroso de Almeria si bien es verdad que sus dos toros tampoco aportaron materia prima para hacer un buen cesto. El chico buscò incesantemente las vueltas pero resultaron fallidos los intentos. Y se puso pesado con los aceros por lo que le advirtieron con un aviso.

Francia es sin duda un reservorio para una fiesta que en muchas plazas ha olvidado la grandeza de la suerte de varas y que a veces nos pasamos las lìneas rojas concediendo premios inadmisibles a faenas poco rotundas. El toro, huelga decirlo sigue siendo el rey de la fiesta pero cuando se aplebeya ( vale decir se busca màs lo manejable que la casta y la bravura que son ingredientes indispensables para una obra maestra en tauromaquia ).

Categoria: