Ese toro de Juan Bernardo para rejones mereció el indulto en Arbelaez

( Foto de Farley Betancourt......Ese toro debía haber vuelto a los campos de donde salió. Observen la magnífica estampa del toro y ese ir templadisimo al caballo )

Juan Rafael Restrepo a estas alturas de su dilatada carrera no lo vamos a descubrir. Tiene pasión, ha buscado y desaarrrollado con personalidad su propia tauromaquia ahora que el rejoneo se " ejecuta " con cuadras de hasta 6 y 12 caballos por corrida , que es historia " por colleras " o lo que de manera displicente llamaban " ah, el número del caballito ". Y a esta discriminación que se difumina al aparecer , tras el militar cordobés Antonio Cañero , los Peralta, los Domecq, Jose"Chu" Pérez , Manuel Vidrié , Joao Moura, Pablo Hermoso, Diego Ventura, Gines ( tio y sobrino ), Lea, Hernandez, etc,. , digo, debe sumarsele el que haya prevención a la hora del indulto con argumentos como " el toro para rejones va despuntado, no tiene que emplearse abajo, someterse, humillar . Y que es la vara la que determina si un toro merece volver al capo ( caso "Cobradiezmos" de Victorino en Sevilla , por ejemplo ).

Dicho lo cual, este domingo en Arbelaez salió un jabonero con temple, galopando ( palabra que prestamos del mundo del caballo cuando hablamos de toros que van con esa sinfonía de movimientos acompasados al caballo acometiendo con gracia y bravura. Sin destemplarse. Y eso ocurrió con ese toro al que J:RR le puso banderillas, cortas, a dos manos , por adentro, en corto y por derecho. Y el toro a más. El palco se resistió a la petición del público y del caballero en plaza que debió tomar el rejón de muerte. Una pena.

En su segundo, Juan Rafael volvió a emocionar al público, toreó con la muleta desde el caballo, con la chaquetilla y las gentes le aplaudieron a rabiar.

Recuerdo que en febrero de este año Andy Cartagena por primera vez en 72 años, un toro lidiado por un rejoneador fue indultado en la Plaza México. La bravura, sobre todo, de “Copo de Nieve“, número 250 y con 524 kilogramos criado en la ganadería tlaxcalteca de Reyes Huerta fue premiada con el perdón de la vida lo que exigió la mayoría del público, tras una buena labor del torero español.

En septiembre de 2017 el rejoneador Diego Ventura logró un hito en la historia del toreo en la plaza de toros de Murcia, donde tras cuajar una gran faena a caballo continuó toreando de manera extraordinaria con la muleta al toro Perdido, de Los Espartales, entre tanto el público solicitó el indulto, que fue concedido y el torero fue premiado con las dos orejas y rabo simbólicos del astado. El rejoneador, que respira felicidad profesional y personalmente, está a punto de cerrar una temporada completísima que no continuará este invierno en América, ya que descansará junto a su familia, que acaba de crecer hace escasas fechas con el nacimiento de Jaime.

Julian F Castro escribía sobre el indulto : En la fiesta brava el indulto significa que al final de la lidia de un toro, no se cumple el tercer tercio en su totalidad, y en vez de darle muerte al ejemplar, pasa a los corrales de la plaza a recuperarse, para ser incorporado a su campo de origen como semental.

El indulto representa el reconocimiento a un toro en el cual se identifican caracteres fenotípicos, genotípicos y un comportamiento propio de su raza, en grado superlativo, y algo muy importante es que esta identificación y honra es hecha por aficionados, matadores, ganaderos y autoridades de la plaza, que son entendidos en la materia, y coinciden en la observación y juzgamiento.

Es producto de la cría, manejo y selección que lleva a cabo una ganadería, poniendo en evidencia la eficiencia de sus métodos y experiencias aplicadas, por lo excepcional del hallazgo.

En Cali, Pablo Hermoso indultó un gran toro de Juan Bernardo Caicedo , rejoneador que luego en Manizales indultaría otro otro, esta vez de Ernesto Gutierrez. Se llama " Villancico". Alfredo Molano describió ese buen suceso : Su toro, Villancico, se enamoró de los caballos y por ahí mismo del jinete. Y como no hay amores por aparte, todos los caballos, el rejoneador y la plaza entera terminamos enamorados de Villancico. Galopaba al ritmo de cada caballo, Churumai, Viriato, Dalí, Pirata —la gracia es que cada uno tiene su forma de andar—; perseguía sus colas, embestía sus ancas y el estribo de Pablo. Le ayudaba al rejoneador a poner las banderillas, los rejones, la espada, con embestidas francas y claras. Y Pablo se daba gusto toreándolo con la cola, con la panza, con el pecho de sus caballos como si fueran capotes o muletas. Por momentos uno podía pensar que los tres —jinete, toro y caballo— pensaban, y pensaban lo mismo y al mismo tiempo. Se acompasaban en todo, y el compás, o el ritmo, es el milagro que hacen la armonía y la música. Fue lo que hizo Pablo con sus caballos y con ese Villancico de Miguel Gutiérrez, para el que, contra la tradición, la presidencia aceptó el indulto. Fue un toro tan valiente que regresó solo a los corrales, como salió por la puerta grande Pablo Hermoso con dos orejas cortadas.

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