En solitario Castella y los Gipsy Kings, espectáculo musical en Lima sin toros

Me dice Pablo Gómez de Barbieri, director taurino del diario peruano El Comercio que los novillotes en Asi, en un centro comercio a las afueras de la capital no fueron malos sino muy malos y que la comparecencia en solitario de Castella se salva por la presentación del grupo musical Gipsy King que tiene bien ganado prestigio.

Flaco favor le hacemos a la fiesta como advierte el estimado colega limeño : Novillos de pésimas hechuras y peor juego ● Los Gipsy Kings salvaron la noche

El público casi llenaba la plaza portátil de amplio ruedo, montada en Asia, junto al centro comercial. Los Gipsy King, a un lado de la puerta de cuadrillas −en un destacado estrado− eran el centro de atención y animaban la espera rasgando sus guitarras y llenando la noche con ritmos que fusionaban flamenco y pop. Los espectadores disfrutaban con la música y aguardaban, impacientes e ilusionados, el paseíllo del torero francés Sebastián Castella, que lidiaría −¿y encantaría?− en solitario cuatro novillos-toros de la ganadería San Simón. La expectativa era enorme; Castella, en gran momento artístico, ilusionaba a los aficionados.

FOTO: PABLO JAVIER GÓMEZ DEBARBIERI Tras el paseíllo, la ilusión de los aficionados era enorme.

FOTO: PABLO JAVIER GÓMEZ DEBARBIERI
Tras el paseíllo, la ilusión de los aficionados era enorme.

Al cabo de la deslucida lidia de tres mulos impresentables −que no toros− y un novillo medianamente bien hecho, pero sin clase ni bravura, nuevamente los Gipsy King fueron los protagonistas y los salvadores de una noche taurinamente decepcionante. A pesar del pobre saldo que dejó el festival, gracias a su música y estimulante ritmo, nadie se fue contrariado. Al final, la mayor parte del público bajó al ruedo a bailar o contonearse al son que marcaban los famosos músicos franceses.

El espectáculo como tal y la organización, fueron de primera. Se demostró que un evento taurino y musical puede atraer a muchas personas. La parte taurina la echó a perder quien eligió lo que se lidió. Quien haya sido, cargará con la culpa de haber echado a perder cualquier función similar en el futuro cercano.

Vea, debajo, los videos de lo mejor del festival.

CASTELLA Y LA LIDIA

El primero era basto y feo de hechuras; negro, montado, alto de agujas y un poco zancudo. Algún muletazo tuvo por el derecho, pero sin humillar y defendiéndose; por el izquierdo, ni un pase. Castella estuvo firme y empeñoso con él y algo se pudo ver. El diestro puso todo de su parte, pero la nula clase del astado deslució el trasteo. Lo pinchó y luego dejó la mejor estocada de la noche. Palmitas.

El segundo, jabonero sucio, muy alto, montado y basto. Llevó siempre la cara alta. Castella le hizo pegar dos puyazos, pero en vez de pegárselos delanteros, a ver si mejoraba un poco, se los pegaron traseros; de lidia imposible, los dos puyazos lo aplomaron aun más. Imposible hacerle faena. Pitos.

Castella –cada artista es como es− se desmoralizó y fue enojándose conforme iban apareciendo los mulos. Con esa actitud, la cosa tenía aun peor futuro.

El tercero, castaño, gacho y pobre de cara; un poco mejor hecho, pero basto y tampoco bonito de hechuras. Se dejó algo por el derecho, pero por ese lado echaba la cara arriba a mitad del muletazo, quedándose corto y sin humillar. Así las cosas, los derechazos no podían ser sino a media altura y muy poco lucidos. Luego, Castella logró robarle algunos naturales ayudados. Le dieron una oreja que nadie pidió y el francés, ya muy molesto y desmoralizado, la tiró y dio una vuelta al ruedo, rapidísima y por cumplir.

El cuarto, un jabonero feo y zancudo –un caballo−, no tuvo ni un lance ni un muletazo lucido.

Parece que le pidieron a Castella que lidiara uno de los dos sobreros, a ver si las tornas cambiaban, pero él se despidió y se fue, casi corriendo.

La gente protestaba desde el tercer novillo, algunos metiéndose con Castella. Contrariado y fastidiado, este no hacía nada por disimular su rabia. Así las cosas, un sector del púbico quería que se acabara la parte taurina y empezaran a tocar en serio los Gipsy King.

Imperdonable malograr algo así por una deficiente elección del ganado.

FOTO: PABLO JAVIER GÓMEZ DEBARBIERI Los Gipsy King, con su ritmo, conquistaron al público y demostraron que los espectáculos variados pueden y deben darse.


Los Gipsy King, con su ritmo, conquistaron al público y demostraron
que los espectáculos variados pueden y deben darse.

 

LO FUNDAMENTAL

No hay tauromaquia sin toros bravos

No hay tauromaquia sin bravura. No existe lucimiento sin astados con un mínimo de clase para embestir de largo y metiendo la cara. Pero como nadie sabe de antemano qué hará ni cómo embestirá un toro en el ruedo y siendo la función producto de la forma, se elige en función a las hechuras de cada encaste. Lo lidiado el viernes en Asia parecía elegido ex profeso para fracasar.

Se decía que Castella elegiría los novillos; evidentemente, no fue así. Dicen que uno, bonito de hechuras, se cambió a última hora por haber sido vendido a Bambamarca. No parece creíble; si así hubiera sido, no tendría disculpa.

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