El Papa Francisco pronunció un duro discurso contra la droga y el sicariato en La Macarena de Medellín

Con vivas y aplausos, 12.000 religiosos y laicos recibieron este sábado al Papa Francisco en la plaza de toros La Macarena, para el último evento de la agenda papal en suelo antioqueño, dice El Colombiano,.

El Sumo Pontífice llegó hasta el centro de espectáculos en Papamóvil, en un recorrido corto que salió desde el Hogar San José, en el centro, y avanzó por la Avenida Oriental y la Calle San Juan.

En el sitio entregó un conmovedor discurso -el más largo de los pronunciados en suelo colombiano- cargado de referencias locales: saludó a los asistentes diciendo “queridos paisas”, habló de las arepas al desayuno y pidió salvar a los jóvenes de los “sicarios de la droga”.

Es un hecho inédito que un Papa haya escogido una plaza de toros, que por cierto, estaba llena hasta las banderas, como recinto para reunirse con los religiosos y pedirles que no se lucren con la religión.

El papa Francisco pidió este sábado a los miembros de la Iglesia católica que se abstengan de lucrar y beneficiarse materialmente con su ejercicio religioso. "No podemos aprovecharnos de nuestra condición religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales", dijo el pontífice argentino durante una reunión con sacerdotes y obispos en Medellín.

Hizo un llamado para que los "hombres y mujeres" de la Iglesia no caigan en actos de "corrupción". "El veneno de la mentira, el ocultamiento, la manipulación y el abuso al pueblo de Dios, a los frágiles y especialmente a los ancianos y niños no pueden tener cabida en nuestra comunidad", señaló. El jerarca aseguró que los religiosos son parte de un "cambio de época" y una "crisis cultural", lo que no es excusa para obviar el llamado de Dios.

Desde el inicio el evento fue particular. Uno de los asistentes arrojó un Solideo que le cayó en la cara al Papa -que apenas estaba entrando al recinto-. Francisco reaccionó con una sonrisa.

Luego el Papa subió al escenario, saludó las reliquias de la madre Laura Montoya, la primera santa colombiana que además fue la primera católica en ser declarada santa por Francisco.

El Papa escuchó los testimonios del sacerdote Juan Felipe Escobar, la monja carmelita descalza Leidy María de San José, y la señora María Isabel Arboleda, madre de un sacerdote y creyente.

Escobar le contó a Francisco que de niño quiso ser médico para desterrar el dolor físico de la humanidad, pero que al ver lo que la violencia causaba en la gente, decidió convertirse en curador de almas. Le dijo, además, que ha trabajado con personas en situación de calle, enfermos y presos.
La señora Arboleda le dijo que como muchas mamás, estaba orgullosa de tener un hijo sacerdote.

Luego, escucharon el evangelio del día.

LOS SICARIOS DE LA DROGA
El Papa saludó a los asistentes diciendo “queridos paisas” y en el recinto retumbó una ovación. Luego agradeció los testimonios de quienes le contaron su historia de vocación. “Como dice el documento de Aparecida, conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona. Conocerlos nosotros fue un regalo y darlo a conocer con nuestra palabra y obra es nuestro gozo”, dijo.

Luego dio duras declaraciones sobre el flagelo de la droga y la falta de direccionamiento para la vocación de los jóvenes.

“Los jóvenes son naturalmente inquietos. Inquietud tantas veces destruida por los sicarios de la droga. Medellín me trae ese recuerdo, me evoca tantas vidas jóvenes truncadas, destruidas. Los invito a acompañar este luctuoso cortejo, pedir perdón para quienes destruyeron las ilusiones de tantos jóvenes”, dijo.

Entonces, habló sobre las vocaciones que se pueden ver desviadas por la droga.

“Si bien asistimos a una crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. Cuando lo hacen captados por Jesús, sintiéndose parte de la comunidad, se convierten en «callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra”, dijo.

EL DIABLO ENTRA EN EL BOLSILLO

Durante su pronunciamiento ante los religiosos, Francisco también aprovechó para referirse a la corrupción que puede llegar a la Iglesia poco a poco.

“Como he dicho ya en otras ocasiones, el diablo entra por el bolsillo. Esto no es privativo de los comienzos, todos nosotros tenemos que estar atentos porque la corrupción en los hombres y mujeres que están en la Iglesia empieza así”, dijo y aclaró que después de entrar se puede enraizar en el corazón y acabar desalojando a Dios.

“No se puede servir a Dios y al dinero”, no podemos aprovecharnos de nuestra condición religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales”, precisó.

Además dijo que los venenos de la mentira, el ocultamiento, la manipulación, el abuso al pueblo y a los frágiles, son ramas secas que Dios ha mandado cortar.

Francisco, además, citó como ejemplos de vida a la santa Madre Laura Montoya y al beato Padre Marianito. “¡Cuánto nos enseña la mujer consagrada de entrega silenciosa, abnegada, sin mayor interés que expresar el rostro maternal de Dios! (...) Todos nos muestran que es posible seguir fielmente la llamada del Señor, que es posible dar mucho fruto”, dijo.

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