El Gólgota de Fandiño

Jorge Bustos ha hecho en El Mundo un dibujo muy acertado y de bellas lineas sobre Iván Fandiño el torero de Orduña cuyas cenizas reposan ya en su tierra natal vizcaina.

Al antitaurino le asisten dos argumentos no desdeñables. El primero es el dinero y su dulce servidumbre: la generosidad con el lobby animalista riega la tabarra religiosa del activismo pocahontas, mientras los aficionados sostienen su libertad no ya contra la presión ajena, sino contra el bolsillo propio. Que el poderoso caballero de Quevedo también manda en la izquierda de Chávez, la comunista más rica de Venezuela que no ha labrado su fortuna a golpe de hilo y aguja como la yaya costurera del rastafari de Podemos, ése que desfiló ante Rajoy y les sacó el mismo que gesto que le pondría Fraga al paso de Ángel Garó. En el país donde hasta la metástasis se ideologiza-, si don Amancio quiere que sus donaciones sean aceptadas, que pruebe a financiar la lucha contra el toro en lugar de la lucha contra el cáncer. Al cabo los dos matan, como ya sabe en su gloria Iván Fandiño.

El segundo argumento del antitaurino reinvindica el “amor a la vida”. La vida del animal, se entiende, con quien por pura consanguineidad el animalista empatiza antes que con el torero. Pero el toreo mejor que nadie sabe que su oficio trata la muerte como el de panadero lo hace cada mañana con la levadura. Se trata de una rutina bárbara y anacrónica , por supuesto, porque la propia persistencia de la muerte se nos antoja un escándalo inaceptable en los sonrosados tiempos de Instagram y el envejecimiento abolido. Pero el matador de toros asume la utilidad filosófica de su sacerdocio para recordarnos a todos, en un mundo donde todo es mercancía, que todavía hay hombres que tasan su ideal al precio más alto.
Iván Fandiño torero samurái, último esqueje del árbol de Guernica, se pasó la vida sobreviviendo, descartando el sencillo automatismo de vivir sin más con menos de sí mismo. Ofreció el costado a la lanzada, y con gólgota compró el acuerdo entre la pena del taurino y el odio del antitaurino. Pues ambas reacciones se fundamentan en la muerte,, que es la única verdad de esta vida miserable…

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