Decimo septima puerta grande de un sòlido Ventura en Madrid. Soberbio!!

Como tu vida misma, Diego, así ha sido la tarde más grande de tu vida. La que tú habías elegido, a la que le habías puesto lugar, día y hora. Como tú vida misma. Cuesta arriba siempre. Con los dientes apretados siempre. Con la rabia latiendo siempre. Siempre encarando y sorteando obstáculos. De frente, con el pecho por delante y la cara por delante. Con el corazón puesto en las manos y ya no en el pecho.

Entregado a un continuo cara o cruz por más que la necesidad de ese albur ya haya pasado hace tiempo. Tú no. Tú siempre jugándotelo todo a cara o cruz. Como un funambulista, siempre en el alambre. El sobrevenido y el elegido, pero siempre en el alambre. Al límite, a mil. Exponiéndolo todo cuando nada tenías y había que vender un caballo para comprar otro y ahora que todo lo tienes. No hay media tinta que valga: aquí, en tu vida, todo es entre el vértigo que te da la vida. ¿Acaso habías olvidado que esta tarde de 6 de octubre de 2018 en Madrid empezó otra tarde de un 13 de octubre de hace trece años, también en Las Ventas?

¿Te acuerdas todo lo que se te pasó por la mente aquel día? ¿Que pensaste en irte y, al final, la providencia y tu apuesta a todo o nada –otra vez tu apuesta, Diego Ventura- decidieron que tenías que quedarte porque nada terminaba sino que todo estaba por venir? Pues de aquel día 13, este día 6. Con catorce temporadas de por medio convirtiéndote en el más grande… Tratándose de ti, hoy nada podía ser sencillo ni a favor de corriente, sino todo lo contrario: cuesta arriba y con el viento de frente, por momentos, hasta huracanado. Porque los toros no iban sacando de dentro lo que buscaste en ellos. Porque aunque genio, también eres humano y no perfecto y la presión también te pesa. Porque el acierto o la puntería con el rejón definitivo no te acompañó cuando mejor hubiera venido. Porque Madrid es Madrid –que nadie lo olvide nunca- y su exigencia no conoce de treguas. Que se entrega, sí, pero que también aprieta. Como debe ser, que si no, no sería Madrid.

Porque por eso nadie había hecho hasta ahora lo que tú. Y porque, en parte también, tenía que ser así para que todos recuperáramos la verdadera medida de lo que representa Madrid y lo que tú has hecho hoy aquí. Pero tú eres Diego Ventura y quedarse con cosas dentro no van contigo. Quedaban dos toros y tu arsenal de rabia y de grandeza quemándote por dentro, en plena lucha tu corazón con tu cabeza. Y eso es mucho. Así que, otra vez, la moneda al aire convencido de que sería cara o cara porque, como aquel 13 de octubre de 2005 también en Las Ventas, la suerte de hoy la decidías tú y así has hecho. Y dejaste que el Miura te pusiera los pitones en el pecho. Y te asomaste una y mil veces al balcón de su acidez. Y te fuiste tras el rejón para derrotarle. Y luego, con el bueno, con el excelente toro de María Guiomar Cortés de Moura, te desataste hasta el punto de rendir a la cátedra en plena catedral. Y te sacudiste todos los pesos para echarte a volar. Y volaste alto. Por encima de las nubes. Y tocaste el cielo con las manos toreando a caballo. Y Madrid te coreó como su héroe. Y el Sueño se cumplió tan alto como lo habías soñado. Ha vuelto. Como nunca. Para siempre. E incluso hubo clamor de rabo, de otro rabo. Le habías dado la vuelta a la cuesta arriba y la volviste boca abajo. Y apareció de golpe, desatada, toda la felicidad que estaba preparada para repartir en seis capítulos. Pero la tarde de hoy, la tarde más grande de tu vida, tenía que ser así, como tu vida misma, Diego Ventura: dura, fuerte, áspera, emocionante, apasionante y, al final, triunfal.

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