Amena tertulia taurina madrileña con César Rincón como protagonista

La ya tradicional tertulia del histórico rincón de "Salvador" tuvo en esta ocasión la presencia del "César del Toreo", Julio César Rincón Ramírez, cuya figura se mezclaba con las que cuelgan de las museísticas paredes de este santuario taurómaco dedicado a legendarios toreros del mundo, a ganaderos y sus toros, y a famosos admirados por la España eterna que desde el año 1900 hicieron honor a los fogones y pucheros de este castizo templo de la gastronomía madrileña que dirige el gran Pepe Blázquez.

Una prestigiosa pluma del periodismo español, el recto y egregio Ignacio Ruiz Quintano, que con su elocuente prédica evocaba a sus ilustres predecesores en la buena crónica, en la culta opinión y sagacidad taurina; por allí flotaban los perfiles de Hemingway, Olano, Zabala, Selipe, Mingote, Colombí o Clarito, entremezclados con un Olimpo del toreo saludando al colombiano universal que consiguiera su inverosímil ascensión de Madrid...al cielo en cuatro memorables tardes sobre el albero de Las Ventas del Espíritu Santo.

Allí estaba Rincón entre esos muros vivientes, incrustado en ese maravilloso retablo de torería histórica desde principios del siglo pasado; de Joselito a Ponce, de Belmonte a El Cordóbés pasando por su predecesor en el Califato, el Monstruo Manuel Rodríguez Manolete en el objetivo eterno de Canito; ora Rafael Ortega, ora Jaime Ostos en competencia de estocadas; México siempre presente con el bizarro Gaona o el fino Armilla; en un comedor quedan la altivez de Luis Miguel y el capote sublime de Ordóñez como buenos cuñados, para encontrar en otro a Antonio Bienvenida a hombros por la calle de Alcalá con Julio Aparicio, y a su lado el duende de Maleni encarnado en el arte de Julito, junto a la verónica infinita de Curro o el natural de Paco -cosas de Camas-, bajo la risueña chicuelina de Diego Puerta.
Y de César a César, del óleo de Jácome a Rincón, a las fotos de Cuevas con los rabos de César Girón en Sevilla; su hermano Curro le escolta a su vera enmarcado con un toraco de Miura.

Bien mocicos y de corto se asoman en la foto de Cano, Victoriano Valencia, Manolo Vázquez, Litri , Antonio Bienvenida y Aparicio cumplimentando cordiales y risueños a Dª Carmen Polo de Franco en su tradicional festival benéfico.

"Si no hubiera visto a mujeres guapas en en una barrera jamás me habría vestido de luces", dejó dicho Luis Miguel. Claro está que nunca le dieron motivo ni a ningún otro torero; el testimonio cuelga en Casa Salvador, con admiradoras estelares tras la maroma engalanada de la plaza prestigiando la Fiesta con su presencia, las belleza de Ava Gadner, Sofía Loren,o Grace Kelly ahí quedan para gozo de la vista.

Cada imagen suscitaba un comentario de los tertulianos, boquiabiertos ante las opiniones de Rincón y las anécdotas de un testigo excepcional de la época dorada de Madrid como es Pepe Blázquez.

El César del toreo desgranó su epopeya desde las lágrimas a la gloria, desde la sangre a la fama, para su propio prestigio y mayor engrandecimiento de la Fiesta, consiguiendo colocar en lo más alto del mástil el estandarte de Colombia.
Gracias a la siempre y oportuna gentileza de Juan Lamarca, me hace llegar una nota de "Bocabegra" de una tertulia taurina en Salvador, en Madrid con el maestro Rincón de protagonista...
Gracias a lasiemrpe oportuna gentileza de Juan Lamarca, me hace llegar una nota de "Bocanegra" de una maena tertulia en Casa Salvador tenidendo a César Rincón de protagonista.

( Bocanegra )
Un recorrido por las tardes vividas por Lamarca y Morales en sus puestos del coso venteño, '6 puertas grandes 6', con la épica de César y bramando los tendidos; gestas inolvidables recordando a un pequeño gigante esperando impávido con la muleta adelantada a un toro galopante. Los hierros de Cuadri, Ibán, Murteira, Samuel, Sepúlveda y Moura, Astolfi, Torrestrella, o Alcurrucén al recuerdo; y Bastonito ¡ay Bastonito....! el combate entre el hombre y la fiera.

A la palestra los nombres de Manolo Cano -gracias Manolo- los Lozano, y don Luis, su querido Luis Álvarez, tan ligados todos, al igual que Pablo Martín Berrocal con su lanzadera de Quito en la feria de "Jesús del Gran Poder" con el aviso del colombiano con su aldabonazo estremeciendo al Pichincha que anunciaba su futura gesta en España.

A la memoria acudía el impresionante recibimiento al héroe en Colombia. El hombre que había conquistado España y el toreo de vuelta a su tierra bogotana, con cuatro presidentes de gobierno a la espera entre la multitud enfervorizada; el acontecimiento de la corrida en solitario en la Santamaría; solo ante el peligro, pero todos a una en comunión con César, por un día feliz en medio de la tragedia de aquella asolada Colombia.

El valor, el pundonor y el dominio del colombiano puestos al servicio de la verdad del toreo, es lo que Márquez rememora como huella indeleble de sus emociones sentidas su nido bajo el reloj de la plaza. Son los lamentables contrastes que Márquez apunta los que engallan a César, los que caben entre la exigencia a Rincón de una apasionada entrega cada tarde, frente al consentimiento de la grácil huida de otros......

Ello le hizo exclamar a César Rincón:
Yo siempre estuve obligado a estar colocado en el centro de la calle esperando al tranvía con el trapo en la mano. ¿y si no viene al trapo....? pensaba yo mientras llegaba el encuentro...

A Javier Hurtado le hubiera gustado escuchar esto de César; otro día será, amigo, cuando la obligación no se imponga a la devoción

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