88 años de La Santamarìa

Ahì està la plaza De Santamarìa, entre dos museos, el Nacional que resguarda nuestro patrimonio y el de arte moderno que nadie sabe si desaparecerà pues nadie explica con claridad el objetivo de avisos de " Se arrienda "...

Bueno, pero estamos celebrando hoy 88 años de la inauguraciòn del circo de toros gracias a la titanica ilusiòn de don Ignacio Sanz de Santamarìa un prohombre que creyò en la fiesta, en el toro bravo, en que era posible una plaza moderna y còmoda tras varios intentos de plazas de madera como la "San Diego" done se presentò Rafael Gòmez "El Gallo" , el hermano del malogrado Joselito de Gelves..

Por el ruedo han pasado Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez, Manolete, Julio Aparicio, Miguel Báez, Fermín Espinosa, Manuel Benítez, 'El Cordobés', , Conchita Cintrón, El Viti, Camino, el inolvidable y primer gran ídolo nacional, Pepe Càceres el de acusada personalidad que le darìa paso al macizo Cèsar Rincònque triunfó con su toreo de distancias y colocaciòn...

La plaza fue declarada Monumento Nacional en 1984, dos años después de que el diestro más importante que ha dado Colombia, César Rincón, tomara su alternativa en su arena.

Dice Semana que la plaza estuvo a punto de desaparecer antes de seer inaugurada.

El 8 de febrero de 1931, con el presidente Enrique Olaya Herrera como simbólica autoridad, tres toreros españoles del montón (Manolo Martínez, el Exquisito y Gallito de Zafra) cruzaron el ruedo seguidos de sus picadores, hombres desconocidos hasta entonces para la afición de los notables que vestían de paño negro y sombrero Barbisio (sus localidades costaban entre 3,30 y 2,50 pesos), o el pueblo de dril y alpargatas que buscaba puesto en los altos de sol por 50 centavos. No fue extraño que la boletería se agotara. Aparte del cine y alguna retreta, eran los toros el espectáculo popular de más arraigo, cuando el fútbol se jugaba en los clubes sociales.

En barrera, al lado del Olaya Herrera que reconquistaba el poder para el liberalismo, se sentó el ex presidente conservador Carlos E. Restrepo (1910-1914), un presagio de lo que sería La Santamaría como foro político. Y a su lado tomó lugar esa obsesión con nombre propio, Ignacio Sanz de Santamaría. Su creación, aún en obra gris, ya era carne.

En 1944, el alcalde Carlos Sanz de Santamaría -sobrino de don Ignacio- contrató al arquitecto español Santiago de la Mora para terminar la obra y hacer la fachada. De la Mora implantó el estilo morisco que la caracteriza. Poco después, para celebrar los 15 años, toreó en su arena otra figura: Manolete.

Solo que le duró poco. Antes de tres años, la empresa había quebrado por la debacle económica mundial y por los cálculos del propio Sanz de Santamaría sobre la supuesta existencia en Bogotá de una afición del tamaño de las de Madrid, Sevilla o Valencia, en donde lo había picado el bicho del toro bravo. Es decir, quizás sí había sed por la fiesta brava, pero no fondos para saciarla. Al final, tuvo que declararse en quiebra y no tardó mucho para que su salud se deteriorara hasta llevarlo a la tumba a finales del 33. Se confirmaba: moría por los toros.

En medio de la efervescencia de ideas que caracterizó a Colombia en esa década de los cuarenta, y con el advenimiento de la guerra civil española, La Santamaría se mantuvo como epicentro del ocio bogotano. Así, mientras fracasaban intentos de empresarios por hacer rentable el negocio, los bogotanos se convertían en conocedores de la tauromaquia, casi a nivel de mexicanos y españoles. Cosa que no ha cambiado. Desde ese momento, se formó una dinastía de aristócratas taurófilos de la cual el mayor exponente fue el recientemente fallecido Fermín Sanz de Santamaría, nieto del fundador de la plaza.

No puedo olvidar a cuatro grandes cronistas vinculados estrechamente a la historia de la plaza :Manuel Piquero Pèrez , "Rozeta" , Guillermo Cano Isaza y Hernando Santos...

El 8 de febrero de 1931 hicieron el paseillo con sus respectivas cuadrillas Manolo Martínez, Mariano Rodríguez , "El Exquisito "y Ángel Navas, "Gallimdo de Zafra ". El primero recibió silencio en sus toros, el segundo estrenó la enfermería y al tercero se le entró un toro vivo. Las boletas costaban $ 3,30 en sombra y $ 1,80 en sol. A pesar de lo poco en la arena, hubo entusiasmo. Entre los espectadores estuvo el presidente Olaya Herrera.

El domingo con Castella , Ramses y los toros de Gutierrez, renovaremos nuestra fe en la tauromaquia y el afecto y admiraciòn profundos para los padres fundadores, para don Ignacio, para don Fermin, para quienes han sido capaces como Felipe Negret con sus actos de mantener abierta la plaza como símbolo de libertad...

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